El Viaje No Termina

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Egipto – El Cairo

Historias viajeras: Un cuento en El Cairo ©

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Esta historia se sitúa en la primera década del siglo XXI, cuando EVNT comenzaba a vivir sus primeras experiencias viajeras serias, saliendo de su zona de confort y empezando a conocer otras culturas y formas de vivir muy alejadas de su estándar occidental, iniciando un aprendizaje más real y profundo de la vida.

Era un mes de Octubre y la aventura de un viaje inolvidable por uno de los países más fascinantes del mundo, por la tierra de los faraones, por Egipto, terminaba sus últimos días en su gran capital, la caótica, mágica, destartalada y embrujadora ciudad de El Cairo.

El viaje había sido asombroso, después de conocer durante días los tesoros del Egipto más profundo, desde Abu Sibel, a los Templos de Luxor, El Valle de los Reyes, Asuán, los Templos de Karnak o el Nilo. Los últimos días los pasaríamos descubriendo Giza, las pirámides y la ya mencionada ciudad de El Cairo.

Había sido un viaje de emociones desbordadas, de muchas enseñanzas, de mucha intensidad, de muchas risas, algún cabreo, mucha tensión acumulada y por qué no decirlo, de alguna lágrima de esas que te inunda más el corazón que las mejillas, de esas que recuerdas para siempre y que no te avergüenzas al recordar.

El aprendizaje había sido muy profundo y el choque con una realidad que te sacude en toda la cara y te dice: “Despierta! Esto también es el mundo en el que vives y está pasando a 5 horas de tu casa!”

Era nuestro último día en Egipto y nuestro avión despegaba a última hora de la tarde desde El Cairo, rumbo de vuelta a Madrid, por lo que habíamos decidido dedicar la última mañana para hacer algunas compras en el mercado Jan el-Jalili. Entre sus miles de puestos y vendedores, tratábamos de conseguir algún objeto que nos recordara siempre ese viaje tan especial y después de mucho caminar, regatear y sudar, habíamos conseguido algunas cosas interesantes.

Era la hora de marchar, el tiempo apremiaba y aunque no estábamos lejos de nuestro hotel, el tráfico en El Cairo es caótico y temíamos llegar tarde. Salimos por uno de los laterales del mercado en busca de algún taxi que nos llevara y, efectivamente, los taxis nos encontraron a nosotros. Decenas de bulliciosos cairotas gritaban en nuestra búsqueda, y en ese momento, mi única intención era evitarlos a todos.

Asumo mi culpa y mi ignorancia, aunque he tratado de aprender y de rectificar mi conducta, pero esas horas de regateos, en los que te crees el más listo mientras sospechas que todo el mundo te quiere engañar, hacían mella en mi ánimo y la puta manía que tenemos de estar a la defensiva cuando salimos de nuestra zona de bienestar sacaba lo peor de mí, si lo admito, ahora lo pienso y me siento como un gilipollas, pero esa era mi programación o mi falta de cultura.

En esas estábamos, tratando de buscar nuestro taxi, cuando apareció Ahmed. Os pongo en contexto: Peugeot modelo años 80, totalmente destartalado, abollado y con aspecto de haber vivido 3 apocalipsis, sonido del motor como un tren de hojalata de los años 20, humo negro saliendo de su motor con capacidad para alterar la temperatura del planeta dos grados y dentro, nuestro querido Ahmed.

Nunca supe su edad, pero estimo que quizás no pasaba de los 40, aunque su aspecto era de haber vivido 3 vidas y no precisamente de las más dulces. Piel quemada por el sol, arrugas marcadas en un rostro envejecido y una sonrisa mordaz que dejaba ver una dentadura al nivel de su coche.

Pues ahí estaba Ahmed, voceándonos desde dentro del coche: “Taxi!Taxi!Taxi!Taxi!..”. Y comenzó el estúpido regateo. Después de preguntarnos dónde íbamos, nos tiró su precio. Creo que empezó en unas 100 libras egipcias, vaya, unos 5 € de mierda. Pero obviamente no íbamos a aceptar, no por favor! Tenemos que ser los más listos, así que si él dice 100, yo digo 80, para acabar acordando 90 y si…me he ahorrado 1 €!!! Soy el puto amo!!

En esas estábamos, cuando le dije: 90 libras, ok?? y Ahmed contestó: Yes , Yes!!

Nos montamos en el coche y cuando arranca, Ahmed grita: son 100!! ¿Cuál fue mi reacción? Gritar que habíamos acordado 90 con mi vena de la frente a punto de estallar y cagándome en Nefertiti. ¿Cuál fue la reacción de Ahmed? Girarse mirando hacia atrás donde íbamos sentados, soltar una sonora carcajada de bonachón y decirme que era una broma, que ya sabía que eran 90.

[[Primera lección: Ten humor, sonríe, descojónate de la vida, porque con humor, los problemas son menos problemas y la vida se ve más bonita.]]

Después de está primera bofetada sólo pude reírme y sentirme estúpido. Ahmed lo había conseguido, nos habíamos relajado en medio de aquel atasco monumental, que nos mantenía parados en medio de El Cairo.

Ahí Ahmed se soltó con un fabuloso inglés egipcio, al nivel de nuestro inglés español, y con un “güer yu from? seguido de todas las estrellas del fútbol español del momento nuestra conversación ya no tuvo fin.

Compartimos preguntas sobre nuestras vidas, nuestras familias, sobre su país, sobre el nuestro y descubrimos que a Ahmed le fascinaban nuestros caramelos y nuestros chicles, por lo que comenzamos un intercambio de productos típicos, él se comía nuestros caramelos mientras nos ofrecías su tabaco o cualquier cosa que encontrara por el coche.

Nos contó que había llegado a El Cairo unos años atrás, procedente de un pueblo lejano del interior, con la esperanza de que su mujer y sus dos hijos tuvieran una vida mejor, y que sus hijos pudieran estudiar, porque decía que eran mucho más listos que él. La pequeña quería ser médico y el niño mayor le apasionaba la historia, nos contaba.

Recuerdo especialmente cuando le pregunté si era feliz, y Ahmed me contestó que sí, que él para ser feliz sólo necesitaba la comida de cada día para su familia y DIGNIDAD, y que como lo conseguía, con eso era feliz. Me marcaron esas palabras, comida y dignidad. Él no anhelaba grandes posesiones ni tenía sueños de grandeza, sólo necesitaba esas sencillas metas.

[[Segunda lección: No hace falta mucho para ser feliz, mucho menos de lo que creemos, no nos compliquemos la vida.]]

La conversación derivó en risas, muchas risas, muchas preguntas y respuestas, algunas imposibles por la incapacidad de entendernos, pero había un idioma universal en ese momento, las sonrisas, las miradas y el buen rollo y energía que se generó en aquel coche.

Cuando nos dimos cuenta, había pasado casi una hora, nuestro tiempo se acababa y llegábamos tarde al aeropuerto. Ahmed paró el coche delante de nuestro hotel y se giró, mantuvimos la última charla y sentíamos esa sensación de pena mutua cuando sientes que algo bonito se acaba, había sido maravilloso recorrer El Cairo con Ahmed, y percibíamos que él sentía lo mismo.

Le dimos las gracias, le deseamos la mayor de las suertes para sus hijos y todos los deseos de felicidad, y nos dispusimos a pagar las 90 libras. ¿Cuál fue la reacción de Ahmed ? Nos dijo que no nos iba a cobrar ni una libra, que no permitía que le pagáramos. Nuestra cara de estupefacción y asombro debió ser épica. Nos mirábamos y no entendíamos qué pasaba, ¿se estaba confundiendo? ¿Cómo que no nos cobraba? ¿Nos quería decir otra cosa y no le entendíamos?.

Pues no, yo con las 100 libras en la mano, entregándoselas y él con una sonrisa, educádamente apartándonos el billete. Su explicación fue esta: ” Habéis compartido conmigo un rato maravilloso, nos hemos reído, hemos intercambiado lo que teníamos, hemos hablado y nos hemos tratado como auténticas personas, me habéis tratado con dignidad, si, me habéis aportado mi ración diaria de dignidad, y eso vale más que 100 libras, eso no tiene precio. Por lo tanto yo quiero invitaros a este paseo en mi taxi y no quiero cobraros”.

Esas fueron nuestras últimas palabras con Ahmed, básicamente porque yo no pude hablar nada más. En ese punto rompimos a llorar mientras nos bajábamos del coche y Ahmed nos miraba desde dentro con la misma sonrisa con la que nos recibió, pero con una mirada de bondad aún más profunda, y nos decía adiós con la mano, llevándose su hojalata rodante y parte de nuestro corazón”

[[Tercer lección: No hay nada más maravilloso en este mundo que la bondad y la generosidad.]]

No se qué habrá sido de Ahmed, pero esté donde esté, aquel día me dio una de las lecciones de vida más grandes que he recibido nunca, y sí, esta es una de las explicaciones por las que me gusta viajar, porque estas lecciones de vida no vienen en los libros, están escritas en las personas, personas gracias a las cuales este mundo es un poco más bonito.

6 Comentarios

  1. uuuaauuu , me a encantada este post !! es increible .. hay gente buena en todas partes del mundo

  2. Tato, se me han caído unas gotas; de vosotros se esperan emociones que a mí me dan vida…..¡¡Gracias¡¡

  3. Por acá también se me han piantado unos cuantos lagrimones…
    Hace falta chocarnos de frente con las otras realidades para darnos cuenta de lo afortunados que somos…
    Los quiero!

    • el_viaje_no_termina

      7 enero, 2019 at 00:08

      Muchas gracias por tu comentario Nati!! No me gusta hacer llorar, pero emocionar es muy impresionante para mí.
      Te mando un beso gigante! 😘

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